Justiniano está muy enfadado
porque durante unos días
no ha podido entrar en su blog
y se ha quedado aislado
de gente a la que aprecia mucho
y por si eso fuera poco
los avaros causantes del desastre
no le han pagado el millón de euros
que merecidamente les ha exigido
en concepto de indemnización
por lo que Justiniano ha decidido
iniciar una campaña de lucha
contra esa corporación diabólica
consistente en patrullar por los cybercafés
y cada vez que ve a alguien
navegando por ese tipo de blogs
como amable medida disuasoria
le estira fuertemente de la oreja
hasta dejársela roja como un tomate
pero el egoísmo humano es terrible
y los susceptibles internautas
en vez de sumarse a su lucha gloriosa
no hacen más que quejarse del dolor
y acusarlo injustamente de estar loco.