Ayer por la tarde
di un paseo
por las calles de mi barrio.
Vi a muchos vecinos.
Con sus familias.
Festejando el carnaval
con cervezas en la mano
para que sus hijos aprendan.
Bebiendo
bailando
y saltando
como si estuvieran chiflados.
No era el carnaval de Río.
No.
Ni el de Venecia.
No.
Ni el de Tenerife.
Tampoco.
Además de las cervezas
en mi barrio parecía
que el demonio
los había disfrazado
para reírse un buen rato.
Al volver a casa
iba pensando que el Estado
ha de construir muchos manicomios.
Carnaval Carnavaaaaaal. Mi hija ayer se disfrazó de jubilhada jaja
ResponderEliminarBesitossssss
Uno sguardo amaro e provocatorio su un Carnevale di quartiere che, tra eccessi e disillusione, perde la sua magia lontano da Carnevale di Rio e Carnevale di Venezia.
ResponderEliminarBuona domenica
Ayer, sin ir más lejos, me tocó sesión especial desde el balcón. Tres cuartos de hora largos de desfile interminable. Justo en el mejor momento de una película buenísima que estaba viendo tan tranquilo. Tuve que darle al pause con una resignación que no te explico.Y allí me quedé, apoyado en la barandilla, asistiendo al espectáculo sin haber comprado entrada.Como cuando el vecino decide taladrar el domingo por la mañana y no tienes más remedio que aceptar que el concierto es para ti. Pues igual. Solo que con más lentejuela y más decibelios.Así que sí, te entiendo. Hay momentos en los que uno piensa que la cordura está sobrevalorada… Feliz domingo
ResponderEliminarA mí me encanta el carnaval, desde el 95 que no me disfrazo, pero me gusta la manera irreverente de poner el mundo en solfa.
ResponderEliminarUn beso.
Antes me gustaba, ahora cuanto mas lejos, mejor, no sé si he adquirido sensatez o estoy envejeciendo...
ResponderEliminarBesos***
Cada vez hay más interés por el festejo desaliñado y fastidioso. ¿Nos estamos volviendo locos o simplemente tontos?
ResponderEliminarBesos.
Está claro que no te gusta el carnaval. A mí tampoco.
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