Esta noche me han hablado en sueños.
Un hombre sin cara al que llaman Jesucristo.
Es de la resistencia.
El gobierno encarceló y ejecutó en secreto a sus padres.
Y él juró ante los recuerdos de su infancia acabar con el gobierno.
Me ha dicho que el interruptor lo va cambiando de sitio
UN EJÉRCITO SECRETO DE MAGISTRADOS CORRUPTOS.
Y que para encontrarlo debo pensar hacia dentro
y convertir los pensamientos en respiraciones cifradas.
Y luego memorizarlas y enviárselas a través de un sueño.
Me ha dicho también que tenga mucho cuidado.
Que los jueces corruptos y podridos están bloqueando el sistema.
MAGISTRADOS FASCISTAS AL SERVICIO DE QUIEN MÁS PAGUE.
Salgo de casa y me acerco a la sede de un tribunal.
Huele a basura.
Huele a caspa rancia.
Huele a podredumbre y corrupción general.
Me escondo y espero a que salgan los criminales para ir a comer.
Cuando salen sigo al magistrado más gordo.
Uno que tiene la cara de cucaracha y la sonrisa de hiena.
Entra en un domicilio y sale con dos niños agarrados de las manos.
SE ESTÁN CARGANDO EL FUTURO DE LA HUMANIDAD.
Los niños chillan y patalean aterrorizados.
El magistrado cerdo los quiere introducir dentro de un coche.
Los niños se resisten y sus gritos escandalizan el cielo.
Nadie hace nada.
No puedo más.
Saco la barra de hierro y le reviento la nuca al magistrado.
De repente su cabeza se abomba y finalmente explota.
Aceite negro, circuitos oxidados y tres ratas en el cerebro.
Me escapo con los niños.
Les pregunto su nombre: Adán y Eva, me dicen.
Ahora entiendo la situación.
Hoy es un día cero infinito.
Día de biblia perpetua.
Y de futuros nuevos testamentos por escribir.
He de salvar a los niños antes de que aparezcan más magistrados.
O los policías que los protegen a cambio de llenar sus barrigas.
HAY QUE SALVAR A TODOS LOS HUMANOS.
Llevo a los niños a las calles secretas de los barrios prohibidos.
Allí estarán a salvo.
Voy a la casa del calor perpetuo.
Me abre ella.
Es María Magdalena.
Una mujer muy mayor de mirada transparente y corazón de oro.
Le confío los niños.
No hace falta que explique nada.
Nada más vernos su corazón ha comprendido todo.
Me dice que no me preocupe por los niños.
Que están a salvo.
Y me ruega que siga buscando el interruptor por el bien de todos.
ANTES DE QUE POR FIN CONSIGAN ELIMINARNOS.
Salgo de los barrios prohibidos y vuelvo a la sede del tribunal.
Hay cientos de jueces y magistrados chillando en la calle.
Ahora tienen la piel verde y de sus gargantas salen antenas.
He sido precavido.
Me he disfrazado de ciudadano correcto.
De votante payaso de los partidos que gobiernan.
Sus antenas se dan por satisfechas y no emiten alarmas.
Me acerco lentamente a ellos y veo que lloran dinero por los ojos.
Les doy el pésame y condeno la muerte del magistrado asqueroso.
Me abrazo al más gordo y repugnante y le robo la cartera.
No se da cuenta.
Sigue llorando dinero y gritando: muerte a los pobres!!!
Me alejo rápido y en una gruta errónea del tiempo saco la cartera.
Tiene fotos dedicadas del presidente del gobierno.
También tiene fotos de obispos, ministros, expresidentes y banqueros.
ME ENTRAN GANAS DE VOMITAR CUANDO PIENSO EN ELLOS.
En un pliegue secreto de la cartera está el dibujo del interruptor.
Y debajo del dibujo hay una formula matemática ininteligible.
La memorizo.
Pienso hacia dentro.
Intento memorizarla entre mis respiraciones.
Ojalá pueda soñarla y enviársela a Jesucristo.
Limpio la cartera de huellas y luego la quemo y la arrojo a una alcantarilla.
Pero debe tener un chip secreto porque estoy en peligro.
Hordas de magistrados rabiosos vienen hacia mí por todas las calles.
CON SUS GARRAS ENVENENADAS SEDIENTAS DE SANGRE.
Esgrimen sentencias afiladas y fundamentos jurídicos contaminados.
Tienen los ojos en blanco y sus antenas están rabiosas y escocidas.
Creo que no tengo escapatoria.
Pongo el cerebro en blanco y de repente aparece Jesucristo.
Ahora soy otro.
Mi cuerpo es invencible.
Salto por encima de las manadas de magistrados como si fuera Dios.
Y me voy volando hacia la protección de los barrios prohibidos.
HEMOS DE ACABAR CON ELLOS
ANTES DE QUE ELLOS ACABEN CON NOSOTROS.
Vuelvo a ser yo.
Jesucristo ha desaparecido de mi cerebro.
Busco una de las casas imposibles y entro en ella.
No hay nadie.
Mejor.
Voy a intentar soñar y enviarle la fórmula matemática a Jesucristo.
Quizá todavía tengamos una última oportunidad.
Cierro el modo escritura.
Me apago para soñar.
Ahora soy un versículo sagrado que descansa.
Ahora soy la sombra oculta del interruptor que todo lo puede.
Ahora soy el germen de los futuros virus que acabarán con su maldad.
Gracias de corazón a todos los que socavan los cimientos del mundo horror.
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29 de diciembre de 2016
6 de noviembre de 2016
DESCONTROL 2
HE CONSEGUIDO DESPISTARLOS
Sigo buscando el interruptor.
Me han hablado de tiendas-trampa.
Entro en una.
Hay dos viejas parlanchinas en la panadería
que no dejan avanzar la cola
y sólo buscan sembrar el caos
son sin duda una ilusión óptica de los innombrables
pues al mirarlas fijamente
sus cuerpos tiemblan de forma casi imperceptible.
NO PODEMOS CREER EN NADA.
Hago la prueba con un cuchillo que hay en el mostrador.
Las degüello y caen al suelo como marionetas rotas.
Ahora chillan como cerdas el día de la matanza.
La ilusión óptica es de muy buena calidad.
Los chillidos y la sangre son de última generación.
Si no fuera porque es imposible que alguien hable tanto
y que sigan hablando a pesar
de que la sangre de sus cuellos
brota como chorros de agua en la Fontana di Trevi
podrían pasar por clientas reales de cualquier tienda de la ciudad.
NOS ESTÁN LLENANDO LA VIDA DE MENTIRAS.
Creo que la panadería es un decorado de Fujitsu.
Los japoneses fueron los primeros en rendirse a las máquinas.
A cambio recibieron veinte años en bonus de vida para toda la población.
PERO LAS MENTIRAS SE RESQUEBRAJAN.
Me alejo por una calle imposible y hago la prueba del espejo.
Arranco un retrovisor de un vehículo aparcado
y lo lanzo con todas mis fuerzas hacia el cielo.
El retrovisor cuando cae se coloca
igual que estaba antes de ser arrancado del vehículo.
Escapo de esa calle antes de que los innombrables me detecten.
TODAS LAS CIVILIZACIONES HAN FRACASADO.
Voy por las calles en modo zombi.
Saludo.
Me saludan.
Sonrío.
Me sonríen.
ATENCIÓN!!!!
Ese hombre no me ha sonreído.
Es uno de los nuestros.
O quizás un innombrable cazador de humanos
Lo sigo a distancia con mucha prevención
y también con la esperanza de recibir por fin buenas noticias.
Y ESTA TAMBIÉN FRACASARÁ.
De repente el hombre entra por una puerta de color verde.
Una puerta de un local cerrado.
Intento alejarme del campo de visión de las cámaras.
Pero es imposible.
Han llenado de cámaras todas las calles de la ciudad.
Vivo en un cárcel.
Vivimos en una gran cárcel.
Pero nadie quiere reconocer la verdad.
PELIGRO!!!
Cuando llego la puerta es ahora una gran panadería.
Y está llena de viejas parlanchinas que sangran por el cuello.
Se giran y empiezan a caminar hacia mí.
A través de las heridas de sus cuellos veo los cables y los chips.
De un zarpazo y una patada reviento las cabezas de dos viejas
y luego las empalmo por la parte superior del tronco
y toda la panadería empieza a arder y el resto de viejas se derriten.
Las paredes se ondulan poco a poco y aparece otra vez la puerta verde.
La atravieso y salgo a una calle en la que no hay gente.
Tampoco hay puertas.
Ni vehículos.
Ni luz.
Es una calle ciega.
De repente un caballo blanco con alas se planta a mi lado.
Habla todos los idiomas.
Me dice que los innombrables están a punto de cazarme.
Monto en él y salimos volando por un túnel invisible.
LA DEMOCRACIA YA NO EXISTE.
ES OTRA ILUSIÓN ÓPTICA PARA TENERNOS DOMINADOS.
De repente el caballo alado ya no está.
Aparezco en mi infancia.
Soy un niño de seis años.
Voy a un colegio religioso.
Pero tengo la mirada de ahora.
Los curas son máquinas defectuosas.
Lo percibo sin ningún problema.
Máquinas de 1970 que los innombrables colocaron por todo el planeta.
CADA VOTO ES UNA GENUFLEXIÓN ANTE LOS INNOMBRABLES.
Los curas no me ven.
Voy a la residencia en la tercera planta del colegio.
Atravieso las paredes sin ningún problema.
No hay camas.
No hay ropa.
No hay zapatos.
PRONTO NOS HARÁN MARCAR EL PASO.
Sólo hay cables conectados a unas biblias magnéticas.
Abro una de las biblias.
Tienen una arquitectura eléctrica muy primitiva.
Pequeñas bombillas de colores y un receptor de alta frecuencia.
Oigo ruidos.
Los curas suben por las escaleras.
UN, DOS, UN, DOS, UN, DOS, UN, DOS, UN, DOS
Es un ejército de religiosos primarios.
Uno de los primeros experimentos que realizaron los innombrables.
Estoy cansado.
Las viejas me han agotado.
Atravieso una pared y salgo a mi ahora.
Es 2016.
Barcelona.
El sol de uranio se está ocultando.
Estoy en la playa un día de otoño.
Todo parece tranquilo.
No hay nadie caminando por la orilla.
Por fin parece que puedo descansar un buen rato.
Pero no.
Una ola ha fallado en la sucesión de olas.
Se repite la secuencia medio minuto después.
Es otra ilusión óptica.
SOMOS SU EJÉRCITO BARATO DE MISERABLES ESCLAVOS.
Me alejo de la playa antes de que me capturen.
Me pongo las gafas de sol.
Y me vuelvo al modo zombi.
Sonríen.
Sonrío.
Saludan.
Saludo.
Poco a poco me voy alejando de las calles más concurridas.
Después de dos horas andando estoy cerca de los barrios prohibidos.
Ahora esperaré que se haga de noche.
Y con suerte saltaré al otro lado del maldito muro.
PENSAD UN POCO Y COMPROBARÉIS QUE YA NO HAY LIBERTAD.
Ni se os ocurra buscar por internet.
Internet es el apóstol de la horca.
Internet es el muerto que come dedos.
Internet es la cueva de las serpientes.
INTERNET ES LA MADRE DE TODAS LAS TRAMPAS.
Los buscadores: google, mozilla, explorer... son anzuelos de las máquinas.
Nos buscan.
Nos encuentran.
Y nos cazan.
Buscadores es una maldita ironía de la semántica.
Los innombrables tienen diferentes alias.
Cada alias es una fórmula secuenciada de hipótesis vectoriales.
Cada vector es una familia.
DENTRO DE LOS LIBROS HALLAREMOS LA VERDAD.
Y cada familia manda sobre un sector de máquinas.
Es imposible explicar lo que sucede al otro lado de la realidad.
Pero de vez en cuando un fallo del sistema deja escapar intuiciones.
Y cada intuición es un Dios posible.
Tengo una misión indescifrable.
Alguien guía mis pasos.
Sigo buscando el interruptor.
Si lo desconecto es posible que esta guerra casi perdida aún la podamos ganar.
Sigo buscando el interruptor.
Me han hablado de tiendas-trampa.
Entro en una.
Hay dos viejas parlanchinas en la panadería
que no dejan avanzar la cola
y sólo buscan sembrar el caos
son sin duda una ilusión óptica de los innombrables
pues al mirarlas fijamente
sus cuerpos tiemblan de forma casi imperceptible.
NO PODEMOS CREER EN NADA.
Hago la prueba con un cuchillo que hay en el mostrador.
Las degüello y caen al suelo como marionetas rotas.
Ahora chillan como cerdas el día de la matanza.
La ilusión óptica es de muy buena calidad.
Los chillidos y la sangre son de última generación.
Si no fuera porque es imposible que alguien hable tanto
y que sigan hablando a pesar
de que la sangre de sus cuellos
brota como chorros de agua en la Fontana di Trevi
podrían pasar por clientas reales de cualquier tienda de la ciudad.
NOS ESTÁN LLENANDO LA VIDA DE MENTIRAS.
Creo que la panadería es un decorado de Fujitsu.
Los japoneses fueron los primeros en rendirse a las máquinas.
A cambio recibieron veinte años en bonus de vida para toda la población.
PERO LAS MENTIRAS SE RESQUEBRAJAN.
Me alejo por una calle imposible y hago la prueba del espejo.
Arranco un retrovisor de un vehículo aparcado
y lo lanzo con todas mis fuerzas hacia el cielo.
El retrovisor cuando cae se coloca
igual que estaba antes de ser arrancado del vehículo.
Escapo de esa calle antes de que los innombrables me detecten.
TODAS LAS CIVILIZACIONES HAN FRACASADO.
Voy por las calles en modo zombi.
Saludo.
Me saludan.
Sonrío.
Me sonríen.
ATENCIÓN!!!!
Ese hombre no me ha sonreído.
Es uno de los nuestros.
O quizás un innombrable cazador de humanos
Lo sigo a distancia con mucha prevención
y también con la esperanza de recibir por fin buenas noticias.
Y ESTA TAMBIÉN FRACASARÁ.
De repente el hombre entra por una puerta de color verde.
Una puerta de un local cerrado.
Intento alejarme del campo de visión de las cámaras.
Pero es imposible.
Han llenado de cámaras todas las calles de la ciudad.
Vivo en un cárcel.
Vivimos en una gran cárcel.
Pero nadie quiere reconocer la verdad.
PELIGRO!!!
Cuando llego la puerta es ahora una gran panadería.
Y está llena de viejas parlanchinas que sangran por el cuello.
Se giran y empiezan a caminar hacia mí.
A través de las heridas de sus cuellos veo los cables y los chips.
De un zarpazo y una patada reviento las cabezas de dos viejas
y luego las empalmo por la parte superior del tronco
y toda la panadería empieza a arder y el resto de viejas se derriten.
Las paredes se ondulan poco a poco y aparece otra vez la puerta verde.
La atravieso y salgo a una calle en la que no hay gente.
Tampoco hay puertas.
Ni vehículos.
Ni luz.
Es una calle ciega.
De repente un caballo blanco con alas se planta a mi lado.
Habla todos los idiomas.
Me dice que los innombrables están a punto de cazarme.
Monto en él y salimos volando por un túnel invisible.
LA DEMOCRACIA YA NO EXISTE.
ES OTRA ILUSIÓN ÓPTICA PARA TENERNOS DOMINADOS.
De repente el caballo alado ya no está.
Aparezco en mi infancia.
Soy un niño de seis años.
Voy a un colegio religioso.
Pero tengo la mirada de ahora.
Los curas son máquinas defectuosas.
Lo percibo sin ningún problema.
Máquinas de 1970 que los innombrables colocaron por todo el planeta.
CADA VOTO ES UNA GENUFLEXIÓN ANTE LOS INNOMBRABLES.
Los curas no me ven.
Voy a la residencia en la tercera planta del colegio.
Atravieso las paredes sin ningún problema.
No hay camas.
No hay ropa.
No hay zapatos.
PRONTO NOS HARÁN MARCAR EL PASO.
Sólo hay cables conectados a unas biblias magnéticas.
Abro una de las biblias.
Tienen una arquitectura eléctrica muy primitiva.
Pequeñas bombillas de colores y un receptor de alta frecuencia.
Oigo ruidos.
Los curas suben por las escaleras.
UN, DOS, UN, DOS, UN, DOS, UN, DOS, UN, DOS
Es un ejército de religiosos primarios.
Uno de los primeros experimentos que realizaron los innombrables.
Estoy cansado.
Las viejas me han agotado.
Atravieso una pared y salgo a mi ahora.
Es 2016.
Barcelona.
El sol de uranio se está ocultando.
Estoy en la playa un día de otoño.
Todo parece tranquilo.
No hay nadie caminando por la orilla.
Por fin parece que puedo descansar un buen rato.
Pero no.
Una ola ha fallado en la sucesión de olas.
Se repite la secuencia medio minuto después.
Es otra ilusión óptica.
SOMOS SU EJÉRCITO BARATO DE MISERABLES ESCLAVOS.
Me alejo de la playa antes de que me capturen.
Me pongo las gafas de sol.
Y me vuelvo al modo zombi.
Sonríen.
Sonrío.
Saludan.
Saludo.
Poco a poco me voy alejando de las calles más concurridas.
Después de dos horas andando estoy cerca de los barrios prohibidos.
Ahora esperaré que se haga de noche.
Y con suerte saltaré al otro lado del maldito muro.
PENSAD UN POCO Y COMPROBARÉIS QUE YA NO HAY LIBERTAD.
Ni se os ocurra buscar por internet.
Internet es el apóstol de la horca.
Internet es el muerto que come dedos.
Internet es la cueva de las serpientes.
INTERNET ES LA MADRE DE TODAS LAS TRAMPAS.
Los buscadores: google, mozilla, explorer... son anzuelos de las máquinas.
Nos buscan.
Nos encuentran.
Y nos cazan.
Buscadores es una maldita ironía de la semántica.
Los innombrables tienen diferentes alias.
Cada alias es una fórmula secuenciada de hipótesis vectoriales.
Cada vector es una familia.
DENTRO DE LOS LIBROS HALLAREMOS LA VERDAD.
Y cada familia manda sobre un sector de máquinas.
Es imposible explicar lo que sucede al otro lado de la realidad.
Pero de vez en cuando un fallo del sistema deja escapar intuiciones.
Y cada intuición es un Dios posible.
Tengo una misión indescifrable.
Alguien guía mis pasos.
Sigo buscando el interruptor.
Si lo desconecto es posible que esta guerra casi perdida aún la podamos ganar.
26 de octubre de 2016
DESCONTROL 1
Vivimos apresados
en el vómito del tiempo.
Cerebros neutralizados.
Los números nos espían.
El cielo era una ecuación
de aluminio, cobre y silicio
hecha por matemáticos codiciosos.
Los Dioses
fueron localizados
y el mismo día los reciclaron.
Ahora son cámaras de vigilancia
y discos duros de los centros de control.
Nacisteis bien.
Y miraros ahora.
LA CULPA ES DEL AGUA.
Os cazaron.
Y luego os neutralizaron.
EL OJO TODO LO SABE.
EL OJO TODO LO CONTROLA.
Somos algoritmos infectados
envasados en diferentes formas.
Alguien ha perdido el control.
Y por eso puedo escribir
aunque no sé por cuanto tiempo.
Los panaderos
hacen el pan
de cada día
con la droga de los esclavos.
Y luego le dan diferentes formas.
CUMPLEN ÓRDENES
DE LOS INNOMBRABLES.
El pan es el Dios de las gallinas.
Y las gallinas son sagradas.
Pero eso aún no lo sabemos.
ESO SE SABRÁ MÁS ADELANTE.
Con los muertos
fabrican la Coca-Cola.
Los vivos la pagan
y se beben a sus padres y abuelos.
Después los eructan.
NOS MATAN CON EL AGUA.
El agua la trajeron
hace millones de años.
Agua sucia de las minas
de las galaxias prohibidas.
Y con ella nos fabricaron.
Agua sucia y radioactiva.
Por eso enfermamos.
Por eso envejecemos.
Por eso morimos.
EL CICLO DE LA VIDA HUMANA.
Lo dice la Biblia secreta
que está escrita al revés.
Las iglesias del mañana
ya te piden el PIN
y una identificación biométrica
y por supuesto
no usan ni vírgenes ni santos.
Te dan pastillas de colores.
Y ENTONCES COMPRENDES.
En los barrios perdidos
hay camellos que las venden
si pagas con órganos humanos sanos.
Cada día se envenenan niños.
Millones y millones de niños condenados.
Los cuentos espantosos
son pajaritos mentales
que picotean a los niños
en las cárceles-jardines
de las monstruosas guarderías.
Y entonces
sus esponjosos cerebros
se degradan para siempre.
La única vía de escape
es enviar a los bebés
en cápsulas espaciales
a galaxias no contaminadas.
PERO ESO NO OCURRIRÁ
SI NO DESCONECTAMOS
EL MALDITO INTERRUPTOR.
La calle es un colador.
Tiene agujeros aleatorios
que conectan con varias dimensiones.
Por uno de ellos
un negro medio invisible
empuja un carro del Carrefour
repleto de chatarra.
Por otro agujero
dos gordos sudados
con trajes pasados de moda
pasean sus papadas de pelícano
mientras intentan engañarse
con lamentables sonrisas prostituidas.
La dentadura del negro los borra.
A la dentadura la borran
tres-mujeres-turistas en bicicleta
que han aparecido
por un agujero del futuro.
Miradas y pensamientos
ametrallan la calle sin compasión.
ESTOY A PUNTO DE COLAPSAR.
Ahora han desaparecido todos.
También los agujeros.
Los árboles me miran.
El suelo también.
Unas gaviotas cruzan el cielo
buscando agujeros para salir a escena.
Desconecto.
Me pongo en modo zombi
para pasar desapercibido.
EL INTERRUPTOR SIGUE SIN APARECER.
Lo busco sin descanso.
Incluso dentro de los poemas.
Tantas dimensiones me bloquean.
Creo que todo esto pronto explotará.
Mientras tanto
y si no me cazan
seguiré buscando el interruptor
y cuando pueda continuaré escribiendo.
en el vómito del tiempo.
Cerebros neutralizados.
Los números nos espían.
El cielo era una ecuación
de aluminio, cobre y silicio
hecha por matemáticos codiciosos.
Los Dioses
fueron localizados
y el mismo día los reciclaron.
Ahora son cámaras de vigilancia
y discos duros de los centros de control.
Nacisteis bien.
Y miraros ahora.
LA CULPA ES DEL AGUA.
Os cazaron.
Y luego os neutralizaron.
EL OJO TODO LO SABE.
EL OJO TODO LO CONTROLA.
Somos algoritmos infectados
envasados en diferentes formas.
Alguien ha perdido el control.
Y por eso puedo escribir
aunque no sé por cuanto tiempo.
Los panaderos
hacen el pan
de cada día
con la droga de los esclavos.
Y luego le dan diferentes formas.
CUMPLEN ÓRDENES
DE LOS INNOMBRABLES.
El pan es el Dios de las gallinas.
Y las gallinas son sagradas.
Pero eso aún no lo sabemos.
ESO SE SABRÁ MÁS ADELANTE.
Con los muertos
fabrican la Coca-Cola.
Los vivos la pagan
y se beben a sus padres y abuelos.
Después los eructan.
NOS MATAN CON EL AGUA.
El agua la trajeron
hace millones de años.
Agua sucia de las minas
de las galaxias prohibidas.
Y con ella nos fabricaron.
Agua sucia y radioactiva.
Por eso enfermamos.
Por eso envejecemos.
Por eso morimos.
EL CICLO DE LA VIDA HUMANA.
Lo dice la Biblia secreta
que está escrita al revés.
Las iglesias del mañana
ya te piden el PIN
y una identificación biométrica
y por supuesto
no usan ni vírgenes ni santos.
Te dan pastillas de colores.
Y ENTONCES COMPRENDES.
En los barrios perdidos
hay camellos que las venden
si pagas con órganos humanos sanos.
Cada día se envenenan niños.
Millones y millones de niños condenados.
Los cuentos espantosos
son pajaritos mentales
que picotean a los niños
en las cárceles-jardines
de las monstruosas guarderías.
Y entonces
sus esponjosos cerebros
se degradan para siempre.
La única vía de escape
es enviar a los bebés
en cápsulas espaciales
a galaxias no contaminadas.
PERO ESO NO OCURRIRÁ
SI NO DESCONECTAMOS
EL MALDITO INTERRUPTOR.
La calle es un colador.
Tiene agujeros aleatorios
que conectan con varias dimensiones.
Por uno de ellos
un negro medio invisible
empuja un carro del Carrefour
repleto de chatarra.
Por otro agujero
dos gordos sudados
con trajes pasados de moda
pasean sus papadas de pelícano
mientras intentan engañarse
con lamentables sonrisas prostituidas.
La dentadura del negro los borra.
A la dentadura la borran
tres-mujeres-turistas en bicicleta
que han aparecido
por un agujero del futuro.
Miradas y pensamientos
ametrallan la calle sin compasión.
ESTOY A PUNTO DE COLAPSAR.
Ahora han desaparecido todos.
También los agujeros.
Los árboles me miran.
El suelo también.
Unas gaviotas cruzan el cielo
buscando agujeros para salir a escena.
Desconecto.
Me pongo en modo zombi
para pasar desapercibido.
EL INTERRUPTOR SIGUE SIN APARECER.
Lo busco sin descanso.
Incluso dentro de los poemas.
Tantas dimensiones me bloquean.
Creo que todo esto pronto explotará.
Mientras tanto
y si no me cazan
seguiré buscando el interruptor
y cuando pueda continuaré escribiendo.
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