Esta mañana
me han despertado
las tres hermanas.
Hacía mucho
que no las recordaba.
Vivían en un mundo
que había dejado de existir
y un día irrumpieron en el nuestro.
Eran tres hadas
de un cuento imposible.
La mayor era el hada reina.
La que velaba por las otras dos.
La mediana era el hada loca.
Reía y lloraba sin lógica alguna.
La menor era el hada mimada.
Bella como una flor
y de una inocencia desconocida.
No recuerdo
cómo aparecieron.
De repente una tarde estaban ahí.
Vestidas y maquilladas
como las modelos de las revistas
y hablando de mundos
que sólo existían en sus cabezas.
Nosotros que éramos potros desbocados
sucumbimos a su deslumbrante presencia
y las cuidábamos como si fueran de cristal.
Les explicábamos la vida real
y ellas se reían como si todo fuera mentira.
Y claro... todo era verdad.
Fueron tiempos divertidos.
Ellas vieron mundos que ni sospechaban.
Aún así cada noche volvían a su cuento imposible.
Y el fin de semana aparecían en el nuestro.
Fueron pasando las semanas, los meses, los años?
No lo sé con exactitud
pero tal como aparecieron
un día dejaron de aparecer.
O fuimos nosotros los que desaparecimos?
Ya no lo recuerdo.
Intuyo que fueron ellas.
Imagino que encontraron
caballeros románticos y galantes
montados en majestuosos caballos blancos
que las llevaron con dulzura
a conocer palacios bellos y relucientes.
Nosotros éramos más bien plebeyos
y todo eso no estaba a nuestro alcance.
Espero que les haya ido todo bien en sus vidas.
Hoy me han despertado las tres.
Un recuerdo despistado las ha vuelto a traer.
Las ha visto como eran.
Insólitas, delgadas, extrañas y delicadas.
No sé cómo serán ahora.
Prefiero recordarlas como en aquellos tiempos.
Tres hadas de cuento imposible eternamente asombradas.