Para aliviarse
del intenso calor
que hace estos días
Justiniano ha tenido
una estupenda idea
que consiste en ir cada día
a la sección de pescadería
de un gran supermercado
donde se está muy fresquito
gracias al aire acondicionado
y cuando le toca el turno
pedir dos kilos de sardinas
exigiendo saber con precisión
el pedigrí de cada sardina
para conocer el árbol genealógico
y la pureza de la raza
de cada ejemplar
con el fin de no ser contaminado
y así con esta ingeniosa estrategia
piensa estar fresquito durante mucho tiempo
pero resulta que el dependiente de la pescadería
es un vago que no tiene ganas de trabajar
y con muy malos modos se ha negado a investigar
por lo que Justiniano no ha tenido más remedio
que coger un poco de hielo del mostrador
y refrescarse cuello y cara antes de volver a la calle.