Justiniano sigue siendo
el chiquillo que fue
y hoy paseando
por una plaza de su barrio
donde jugaban a fútbol unos niños
se ha quedado mirando el partido
y le ha llegado la pelota
y recordando viejos tiempos
la ha devuelto a los niños
sin calcular muy bien
ni la potencia ni la puntería
ya que la pelota ha impactado
con una fuerza extraordinaria
en el escaparate de un supermercado de 24 horas
rompiendo completamente el cristal del expositor
y ahora un par de señores muy furiosos
le están increpando en un idioma que no entiende
y no parecen muy conformes
con la generosa propuesta de Justiniano
de que le chuten un penalti y así queda todo arreglado.