Allí sigue el colegio
donde aprendí mil cosas.
Al lado, el pabellón de baloncesto.
La plaza del ayuntamiento.
Las calles
que tantas veces caminé
con amigos que creí de por vida.
Todos los que fui
el niño
el adolescente
el joven...
me sacaron ayer de casa
prometiéndome una tarde de ensueño.
Y en esos pasados aparecí.
Error.
Hecatombe emocional.
Todo fue extraño.
Extraño y descorazonador.
No queda nada de aquello
pero la vida sigue latiendo
ahora con gente y costumbres
de otros países y otras culturas.
Sentí un desasosiego.
Una inquietud perturbadora.
Como si me hubieran robado
un tesoro sagrado del corazón.
Me fijé en niños, adultos, ancianos
en lo que hacían
en sus miradas duras y recelosas
y de repente comprendí
que todo eso era ahora suyo
que tristemente era yo el que allí sobraba.