El buen samaritano
estaba viajando en el metro
cuando a sus oídos llegó
una estridente y molesta melodía
que provenía de un acordeón
que tocaba un señor
pidiendo dinero al resto de viajeros
al finalizar su actuación
y cuando el señor se ha bajado del vagón
el buen samaritano también lo ha hecho
y aconsejándole con su bondadoso corazón
le ha dicho al músico
que esa profesión no tenía mucho futuro
y que estaba dispuesto a comprarle el acordeón
para intentar que mejorara su vida
con algún trabajo mucho mejor retribuido
y cuando finalmente lo ha convencido
el músico le ha entregado el acordeón
para que el buen samaritano lo examinara
y este sin mirarlo lo ha arrojado a la vía
en el momento en que entraba un tren
quedando el acordeón completamente destrozado
y le ha dicho después al músico
que ahora era cuestión de buscar un buen trabajo
y que no le compraba el acordeón porque estaba roto.