Cada vez más apenado
arrastro mi vida
hacia el cadalso final.
Muertos
y desaparecidos
viven frescos y lozanos
en mi hospitalaria memoria.
En cualquier momento del día
reaparecen como eran
y me recuerdan tiempos y cosas
que vistos desde mi ahora
hacen recapacitar a mi conciencia.
En silencio les pido perdón
por si alguna vez les decepcioné
y les agradezco de corazón
todo lo bueno que me regalaron
mientras sigo deambulando
por un mundo que ya no me contempla
hacia el día inevitable y triste
en el que para siempre desapareceremos.