A menudo
busco recuerdos
entre la enredadera del tiempo.
A veces esos recuerdos
aparecen felices y sonriendo.
Otras se muestran feroces y siniestros.
Y en ocasiones sonrojan mis sentimientos.
He vivido en esos nidos de tiempo
durante mi infancia, juventud y ahora madurez
y a pesar de volar ya lejos los sigo llevando dentro.
Nombres amarilleando.
Gente desperdigada por el pasado.
Amigas del pueblo de mi madre.
Amigos de la juventud de mi padre.
Vecinos de las vacaciones con mis abuelos.
Anécdotas familiares casi olvidadas.
Sueños de juventud envueltos en latidos y besos.
Todo eso está oculto en la enredadera del tiempo.
A veces rebusco entre sus hojas imperturbables
y aparece un nombre, un lugar, una cara o un destello.
Y me voy a ese momento.
Y con paciencia lo rescato.
Y si no me duele demasiado lo acaricio.
Y entonces la vida me mira con ojos cálidos y tiernos.
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