En algunos pueblecitos
de los Pirineos españoles
justo poco antes
de los días más importantes
de la Semana Santa
y como recuerdo del bautismo
y de la fragilidad de la vida humana
se sigue manteniendo
una curiosa tradición
que se remonta a casi mil años
y que consiste
en que los niños nacidos
durante los últimos doce meses
son arrojados al río
cuya agua está casi helada
desde el árbol cercano más alto
y al oír el primer lloro
los padres con los ojos vendados
han de intentar rescatarlos
antes de que sus hijos desaparezcan.
Va quedando muy poca gente en esos pueblecitos.
Questa poesia tratteggia un'immagine cruda e surreale dove il sacro si mescola a un rito di sopravvivenza ancestrale, offrendo una metafora estrema della fragilità umana e del disperato istinto di protezione genitoriale di fronte all'inevitabile scorrere del tempo.
ResponderEliminarBuona giornata
jjajaja y no te quejes que vendrán los defensores de las tradiciones a pegarte
ResponderEliminarBesitossssss
jajaja, mira que al principio te he leído con crédulo interés, luego ya he visto por dónde ibas. Qué locura, cosas peores se habrán visto
ResponderEliminarLa antropología está bien como testimonio de lo que fue, pero cuesta admitir ciertas tradiciones.
ResponderEliminarNo desaparecerás nunca. Tus poemas serán siempre un referente de tu persona.
Un beso.
Un buen método para evitar la explosión demográfica ;)
ResponderEliminarUn abrazo.