No soporto
las cajitas.
Casas.
Coches.
Trenes.
Autobuses.
Galerías.
Gimnasios.
Trabajo.
Tiendas.
Bibliotecas.
Cines.
Museos.
Centros comerciales...
Siempre que puedo
me escapo
de las cajitas.
No vine al mundo
para vivir enjaulado.
Fuera techos.
Fuera paredes.
Fuera prisiones
de cemento y cristal.
Yo necesito brisa.
Yo necesito cielo.
Yo necesito luz de verdad.
Y horizontes.
Y sol.
Y luna.
Y mar.
Y calles.
Y ríos.
Y montañas.
Y árboles.
Y estrellas
Y lluvia.
Y viento.
Y mil caminos.
Y siempre libertad.
Solo aguanto una cajita.
La de mi casa
para recuperar fuerzas
y enseguida volverme a fugar.
Yo donde estoy 100% a gusto es en mi cajita nada más
ResponderEliminarViernetes!
Toro te entiendo... yo misma siempre necesito más libertad, falta el sol que calienta y abraza, no me gusta la lluvia que llora... ser libre como un pájaro es magnífico y de vez en cuando tocar el viento que me susurra. ¡Abrazo y beso de viernes!
ResponderEliminarEl otoño tiene esa luz especial que invita a la introspección y la melancolía.
ResponderEliminarLa casa es mi templo, me oculta a los extraños y permite entrar la luz que hace vibrar mi yo.
Preciosos los dos poemas.
Un beso.
Me río porque hoy estuve mirando cajitas para ordenar el desastre de un armario😆
ResponderEliminarPero me identifico con tu poema.Mucho!
Besos***
Eso es para que estemos acostumbrados cuando llegue la hora de la verdadera caja de madera.
ResponderEliminarOle, di que sí!
ResponderEliminarSaludos.