En la terrible pesadilla
apareció amenazador
un demonio anaranjado
con apariencia de político atroz.
Un abusón planetario
maltratador y esquilmador
de los que poco o nada tienen.
Un delincuente oligofrénico
fruto de la democracia enferma.
Un sinvergüenza avaricioso
repugnante y codicioso
rodeado de millonarios psicópatas
que amenazaba día tras día
a los más débiles y necesitados.
Y de repente
la pesadilla desapareció
y fue sustituida
por un magnífico sueño justiciero.
Señalando al demonio anaranjado
el cielo retumbó
desbordado de furia apocalíptica
y dijo: BASTA!!!
rugiendo invencible y poderoso.
El día oscureció.
El viento empezó a bramar.
Las nubes intuyendo
el advenimiento del milagro
empezaron a llover hacia arriba.
La tierra dejó de rotar
y un trueno bíblico
de justicia universal
explotó en la sucia garganta
del maldito demonio anaranjado
que quedó esparcida en mil pedazos
y como un hermoso final de película
sobre su cadáver humeante
de corrupta pestilencia insoportable
empezaron a llover flores maravillosas.