27 de noviembre de 2021.
Por la noche
salgo siempre solo.
Voy a un sitio nuevo
donde paso inadvertido.
Escribo un poema.
Juego al ajedrez.
Fantaseo locuras.
Hablo mentalmente con el whisky.
La música me sonríe
y poco a poco
brota un espejismo
y enseguida me olvido de quién soy.
Pero llegó la maldición.
Desde hace dos semanas
una mujer imposible
ha aparecido desde la nada.
Se sienta a mi lado
y desde su juventud impertinente
no deja de hablar y de interrogarme.
Ahora el whisky llora.
Al ajedrez le duele la cabeza.
La música es de réquiem.
Mis fantasías se han ahorcado.
Y la mujer imposible me sigue hablando.