Para combatir el aburrimiento
de este gélido y solitario invierno
Justiniano va cada mañana
a unos lujosos almacenes muy céntricos
y eligiendo un vendedor al azar
de las diversas plantas del edificio
le arrea un fuerte manotazo en la nuca
mientras que riéndose le dice:
"A que no me pillas, subnormal!!!"
y se escapa rápido como una centella
zigzagueando entre los clientes
y perseguido por una jauría
de vendedores vengativos
con caras de muy malas pulgas
a los que parece que no les gusta jugar.