Respira fuego
la noche calcinada.
En calles y casas
los insectos
revolotean felices
ante tanto humano indefenso.
Pasan las horas
como un rosario ardiendo
y amanece en el horno
de los tórridos días estivales.
El mar hierve.
Las medusas bailan.
Las algas se multiplican.
En la arena
la gente ofrece
el sacrificio de su cuerpo
abrasándose en cruel martirio.
En la montaña
los rayos del sol
atraviesan los esqueletos
que jadean en busca de una cima.
Cuando llegan arriba
se hacen una foto sonriendo
y vuelven abajo rápido
para oxigenar sus asfixiados cerebros.
Y para reponer fuerzas
en las terrazas
de bares criminales
zombis sudorosos
abanican sus calaveras
gozando del maravilloso clima.
El delicioso verano
ha llegado para que lo disfrutemos.