Una nube simpática
cruza la vida y el tiempo.
El cielo
tan indescifrable
acaricia con dulzura
el magnífico deambular
de esa belleza algodonada.
Quisiera volar como ella
atravesando sueños imposibles
y descubrir por fin
el vedado origen
de todos los grandes misterios.
Pero no puedo...
Yo aquí, abajo.
Ahí arriba
el cofre de lo desconocido.
Fantaseo universos
que seguramente
jamás han existido.
Y siempre, siempre...
pienso en los que murieron.
En todo lo que vivieron.
En todo lo que sintieron.
Ese es el gran poema humano.
Cada muerto es un desgarrado verso.