Justiniano es un experto nadador
que observa con mucho interés
al grupo de hombres y mujeres
que hoy han empezado
el cursillo para aprender a nadar
pero tras ver el inicio del mismo
muestra su profundo desacuerdo
con las técnicas anticuadas
del desastroso instructor
que no logra desterrar en ellos
el miedo ancestral a morir ahogados
por lo que tras despistarlo
con la excusa de una llamada urgente
relativa al infarto de un familiar
Justiniano asume la dirección del curso
y para lograr que pierdan el miedo
los coloca amablemente en fila de a uno
mientras va atando con mucho cariño
con tres vueltas de cinta adhesiva
las manos a la espalda
a los preocupados y desconfíados alumnos
para inmediatamente después
empujarlos de forma inesperada al agua
sin que se le escape ninguno
haciendo oídos sordos
a sus desagradables chillidos
pero por desgracia el retorno
incomprensiblemente enfadado
del colérico y malcarado instructor
que no valora como es debido
las buenas intenciones de Justiniano
frustra su formidable estrategia.