Algunos domingos por sorpresa
Justiniano decide saludar
para limar asperezas
a esos vecinos criticones
tan estirados y antipáticos
que no le dirigen la palabra
por eso con ánimo bondadoso
cuando suena el despertador
a las cinco de la mañana
se levanta como un resorte
sube hasta el ático
y allí empieza el descenso
despertando a timbrazos
a todos sus vecinos
mientras ruge a pleno pulmón
frente a cada puerta
unos buenos días pletóricos
que bajan despertando sueños
por toda la escalera
y como en otras ocasiones
los gritos persiguen a Justiniano
junto a los portazos
y algunos brazos vengativos
que vuelan apresurados
en busca de su cuello
sin poder atraparlo
y ya refugiado en casa
con la conciencia tranquila
Justiniano se mete en la cama
para dormir como un bendito
con una sonrisa feliz
hasta las doce del mediodía.